“Satanás, un enemigo derrotado”

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apoc. 12:11).

Apocalipsis 12 comienza la sección del libro que habla del tiempo del fin. Mientras que la primera mitad del libro describe las luchas espirituales de la iglesia en un mundo hostil a lo largo de la Era Cristiana, la segunda mitad se centra en los sucesos que conducen a la Segunda Venida y al reino de Dios.

El objetivo del capítulo 12 es darnos una idea general de la crisis final de la historia mundial. Nos señala que los acontecimientos del tiempo del fin son parte del conflicto cósmico actual entre Cristo y Satanás.

En el libro de Apocalipsis, Satanás es el archienemigo de Dios y su pueblo. Su existencia es real, y está detrás de todo el mal y la rebelión del universo. Sabe que su última oportunidad de tener éxito contra Dios es ganar la batalla final. Por eso, concentra todos sus esfuerzos en prepararse para ese acontecimiento.

La visión de Apocalipsis 12 tenía la intención de brindarle al pueblo de Dios la seguridad de que Satanás es un enemigo derrotado. El mismo Cristo que derrotó a Satanás durante su ministerio terrenal, en la cruz y después de su ascensión, también lo derrotará en el tiempo del fin. Por lo tanto, la única esperanza para el pueblo de Dios del tiempo del fin se encuentra en Cristo.

El propósito de Apocalipsis 12 es, en primer lugar, explicarle al pueblo de Dios que los sucesos del tiempo del fin son parte del gran conflicto entre Cristo y Satanás y sus fuerzas demoníacas. El libro advierte sobre lo que el pueblo de Dios enfrenta hoy y lo que está a punto de enfrentar de una manera aún más grave en el futuro: a un enemigo experimentado y furioso. Pablo señala que la actividad de los últimos tiempos “de Satanás, [será] con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tes. 2:910).

El Apocalipsis nos insta a tomarnos muy en serio el futuro y hacer de nuestra dependencia de Dios nuestra prioridad. Por otro lado, nos asegura que, aunque Satanás es un enemigo fuerte y experimentado, no es tan fuerte como para vencer a Cristo (ver Apoc. 12:8). Para el pueblo de Dios, la esperanza solo puede encontrarse en Aquel que en el pasado derrotó victoriosamente a Satanás y sus fuerzas demoníacas. Él ha prometido estar con sus fieles seguidores “todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:20).


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